La serie de conciertos que la cantante colombiana ofreció en la capital salvadoreña dejó de ser vista como una simple parada de su gira mundial y ahora toma otro significado: fue el ensayo general de su espectáculo más grande hasta la fecha.
Durante cinco noches consecutivas en el Estadio Estadio Jorge ‘Mágico’ González, la producción montó un despliegue técnico superior al de otras ciudades. El escenario permaneció instalado por varios días, permitiendo perfeccionar detalles clave como sincronización de visuales, coreografías, iluminación y pruebas con drones.
La elección no fue casual. Las condiciones climáticas tropicales de la ciudad sirvieron como simulación natural para el clima húmedo que enfrentará la artista en su próximo reto: un concierto multitudinario en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro.
El espectáculo formará parte del cierre de la gira Las Mujeres Ya No Lloran y se espera que reúna a más de un millón de asistentes, colocándolo entre los eventos musicales más grandes del mundo. Por ello, la residencia centroamericana funcionó como banco de pruebas logístico para medir resistencia física, flujo de público y operación técnica a gran escala.
Más allá del impacto musical, el paso de la cantante también impulsó el turismo y la economía local, dejando a la ciudad posicionada como un escenario capaz de albergar producciones internacionales de primer nivel.
San Salvador no fue solo una parada más: fue el lugar donde se afinó el espectáculo con el que la artista buscará hacer historia frente al océano brasileño.


