Los Seattle Seahawks escribieron una nueva página dorada en su historia al proclamarse campeones del Super Bowl LX, tras imponerse con contundencia gracias a una defensiva implacable y a una ofensiva que supo golpear en los momentos clave.
Desde el arranque del encuentro, Seattle dejó claro que el partido se jugaría bajo sus reglas. La presión defensiva fue constante, cerrando espacios, forzando errores y neutralizando cualquier intento de reacción del rival. Cada serie ofensiva encontraba resistencia, cada pase era disputado y cada yarda se peleó como si fuera la última.
En el costado ofensivo, Kenneth Walker III fue el motor del equipo. Con carreras explosivas y una lectura precisa de los huecos, el corredor mantuvo el control del reloj y desgastó a la defensa contraria. Su actuación fue determinante para inclinar el partido y convertirlo en una noche histórica para la franquicia del noroeste.
El marcador reflejó el dominio de Seattle, que supo administrar la ventaja con inteligencia, apoyándose también en equipos especiales efectivos y decisiones estratégicas acertadas desde la banca. El rival intentó reaccionar en el tramo final, pero la defensa de los Seahawks cerró filas y apagó cualquier esperanza de remontada.
Este campeonato representa el segundo título de Super Bowl en la historia de los Seahawks, un logro que consolida a la franquicia como una de las más sólidas de la NFL en la última década y que devuelve la gloria a una afición que nunca dejó de creer.
Seattle celebra, la NFL toma nota y el Super Bowl LX queda marcado como la noche en la que los Seahawks impusieron su carácter y regresaron al trono.


